sábado 14 de noviembre de 2009

Ejecutiva



Pobre Carmen, qué aguante tiene. Dos horas atendiendo a tu discurso: que si Gonzalo llega tarde a casa con mucha frecuencia, que hace tiempo que te estás temiendo "algo", que ya no te da la lata los fines de semana... Carmen sorprendida: ¿dar la lata? Sí mujer, ya no se me echa encima como antes; que tampoco es que me importe, bastante tengo con el trabajo como para aguantar aún encima sus babas. Él no lo entiende, que tengo una carrera en la empresa, que si quiero llegar a lo más alto tengo que esforzarme, demostrar que soy la mejor, la más fuerte... pero él venga a dar la matraca: que si una excursión, un viaje, ir al cine... chorradas. No, no lo entiende. A él no le importa que sigamos viviendo en el piso, ni cien metros cuadrados tiene, no podemos invitar a casa a según que gente porque ya me dirás tú, la imagen... ¿sabes, Carmen? Aún no le he dicho nada, pero tengo apalabrado un chalet -una ganga- cerca de Villalba, una preciosidad, zona residencial full, a mitad de su valor: un embargo del banco, unos muertos de hambre que se han quedado colgados con la crisis... qué bien me está viniendo a mí lo de la crisis.

Pero, dijo Carmen, eso tendrías que hablarlo antes con él, ¿no? Igual no le parece bien.. ¿no dices que sus amigos, toda vuestra pandilla de siempre está en este barrio? A mí Argüelles me encanta, tiene vida propia, los dos nacísteis aquí... No, Carmen, eso es nostalgia pura: cada persona tiene que vivir de acuerdo a su estatus, y el mío -y el del tonto este, aunque no quiera- está en una zona residencial, como dios manda, que ya no somos críos de tasca y pincho de tortilla, coño.

Pobre Carmen. Te cae bien porque no tiene maldad, es una simple, una de esas universitarias que andaba pegando berridos contra la guerra, esas tonterías que ni nos van ni nos vienen, y ya la ves: dando clases en un colegio de Vallecas; qué digo un colegio... un parvulario, la mitad gitanos, y la tía tan feliz... tiene cojones la cosa. Seguro que las pasa putas para llegar a fin de mes, con ese Ibiza pulgoso de tercera mano que se cae por todas partes, esa ropa barata de jipi, o hippie, o como se diga... ácrata, dijo un día que era. Inocente. Pero sí, te cae bien por eso, por infantil. Os conocísteis los tres en el Instituto y luego, durante unos años, cada uno siguió su camino: ella Filosofía y Letras, tú Económicas y Gonzalo... bueno, Gonzalo era un veleta: simpático, guapo, pero un atontado; otro jipi, bastante hizo acabando Empresariales y encontrando ese trabajo de comercial de mierda; porque te dejó preñada una noche de juerga, que si no... en fin, tampoco era conveniente ir de soltera por la vida, en tu estatus un marido es parte de la decoración, del formalismo, de lo recomendable: da imagen de estabilidad. Y tú eres la triunfadora, la que da brillo a la pareja.

Y bueno, la Carmencita esta... hará un año. Os la encontrásteis en el hiper, dónde si no. Y lo de siempre, qué alegría verte, qué es de tu vida, y unas cañas, y quedásteis para otro día. Y viste que no te podía hacer sombra: eso, una simple. Pero como amiga está bien: nunca te discute nada, te deja hablar todo el tiempo -de tí misma, claro-. Seguro que en el fondo te admira. No es de esas alimañas con las que te cruzas todo el día en el trabajo, esa tropa de aspirantes a triunfadoras a las que, poco a poco, vas cortando las alas: ni una sola es de fiar. Pero sabes defenderte. Y desde que has recuperado la amistad con Carmencita, de vez en cuando quedáis y la usas de confesora, para relajarte un poco, como un cojín de plumas sobre el que recostarte cuando te notas tensa. Y hoy le has contado tus sospechas sobre Gonzalo: porque imagínate que se me larga con algún pendón de esos, y me hace quedar en evidencia. Por el dinero no hay problema, todo está a mi nombre, hicimos separación de bienes, pero... ya sabes, Carmencita, estas cosas siempre dejan un runrún en el aire, en la empresa podrían pensar que es culpa mía, no sé. Estoy muy bien, ya ves que estoy muy bien, en mi peso; un poco plana, pero ahora se llevan las mujeres así, ya viste lo que dijo Lagerfeld el otro día, y tiene razón... en fin, Carmencita, perdona, no es por meterme contigo pero esas domingas tuyas son muy sesenteras, no sé si me entiendes...
Pobre. Tenía que irse. Bueno, otro día seguiréis hablando: tú al despacho, que ya van a ser las cinco. Y a las siete tienes fitness, y luego training, y antes de las diez de la noche no llegas a casa. Menos mal que la criada, la analfabeta rumana esa que trabaja por cuatro duros sin contrato ni nada, ya tendrá la cena hecha y al niño durmiendo: venga, al curro, como dicen los pringados; como dice Gonzalo, sin ir más lejos.

- Mmmm, qué bien hueles hoy, Carmencita... te voy a arrancar el sujetador y la braguita a bocados.

- Mmmm, Gonzalín, qué calentito estás... por cierto, tu señora me ha informado de que en breve vais a efectuar un cambio de domicilio.

- ¿Ah, sí? Tremendo chalet, no me digas más. ¿A que acierto?
- Totalmente: en Villalba, como los señores.
- Ya. Pues que le vaya bien. Mañana mismo cojo las maletas.... bueno, a ver ese sujetador...


23 comentarios:

Cat's dijo...

Yo me c...en los estatus ;)
por eso nunca dejaré de ser peatona...

por lo demás... una situación lamentable pero que aunque muchos lo nieguen, pasa hasta en las mejores familias! Hay muchos Gonzalines y muchas carmencitas dando vueltas por ahí.

besos Don.

India Ning dijo...

Así es la vida, todo esto forma parte del juego.
Y dejando a un lado los juicios de valores, que ni soy quién, ni me importan, un relato genial.

Como viene siendo costumbre en este paseíto. ;)

Noelplebeyo dijo...

Si es que la avaricia rompe el saco, y Gonzalín supo encontrar lo importante en Carmencita...

Ricos y poderosos, al final se encuentran todos: solos

Saludos

eva-la-zarzamora dijo...

En la forma de narrar esta Carmencita me recordó a la del Delibes. Además de las especias y el pimiento colorao;)

Un buen cuento bien narrado.

Besos.

antonio dijo...

¡Qué Historia! (Léase con Rintintín).
Me joden los que no saben apreciar lo que tienen: Me refiero, por supuesto, al pincho de tortilla en la tasca.
Deseo fervientemente que Carmen y él sean muy felices, pero espero que Gonzalo no acabe añorando las pequeñas tetas, que también tienen su encanto (¿Tortilla con cebolla o sin cebolla? Las dos están muy bien; disfruta de lo que tienes delante. Dicen de los gallegos que somos gilipollas: Cuando paladeamos un plato espectacular, decimos: está delicioso, pero no tanto como aquella vez en….)
Nota.- Como soy un iconoplasta, disfruté –el siglo pasado- mucho más con Cipión y Berganza que con el loco de las novelas de caballerías. Esloquehay

TORO SALVAJE dijo...

Lo he disfrutado.
Y lo he disfrutado porque la radiografía de la subnormal esa es perfecta.
Conozco varios alelados así, que están sólo pendientes del status, de prosperar en el trabajo y de dárselas de importantes, y que los demás les importan un pito.
Que disfruten Gonzalín y Carmencita a la salud de la tarada.

Saludos.

Betty dijo...

el status!!! me muero de risa, como si se fuera la vida en conseguirlo, por Dios!! que gentes huecas!!! vacías de todo

bien por Carmencita ojalá sea feliz con Gonzalo, al menos, sabrán ser felices con poco...o con mucho (segun el lado que lo mires)

Mcartney dijo...

Condocohone.
☺ ☺ ☺

Jove Kovic dijo...

Qué quieres que te diga, a mí me gusta la gente que come pinchos de tortilla con independencia de la edad. Es más, mañana me caen 45 y lo voy celebrar con un pincho y una caña a la salud de mis buenos amigos Gonzalo y Carmen. La otra que se joda ( cosa que, en principio, no pasará)
Saludos cordiales desde BCN

R.A.B dijo...

A mí es que esa gente me da naúsea... puagg!!, y grima, además.

Pararía aquí, pero queda la matización de siempre: estas son las que echan por tierra el llamado "feminismo" (la otra cara del machismo). Hijaputas empeñadas en subir la cuesta del éxito a costa de pisar cabezas, igual que los hombres. De subnormales lleno está el mundo, no importa el sexo. Prueba de que, en efecto, no hay diferencia entre hombres y mujeres: a la hora de ser hijoputa, mismo derecho hay a ser una cosa o la otra.
De verdaderos derechos seguro que sabrá más la empleada rumana. Y sin politiqueos de por medio.

Nadia dijo...

Me ha gustado. Sí, muy bien narrado. Lástima no ver más allá, a mí me da un poco de pena este tipo de personas... pero sólo durante los 5 primeros minutos ;o)

Besos vecino!

Duschgel dijo...

"esa tropa de aspirantes a triunfadoras [...] ni una sola es de fiar". Pobrecica (ella, la "triunfadora"), que se esá definiendo a sí misma. En fin, amor con amor se paga, y ahí tienes el resultado lógico cuando no hay amor, sino desprecio.

Un fantástico retrato del especimen.

¡Feliz domingo, Paseante!

Antígona dijo...

La ruina propia no suele ser fruto de la casualidad. Se la labra uno mismo con su propia mano, a golpe de ceguera y estupidez. Ya lo dice el dicho: "quien siembra vientos...".

Lo peor es que cuando Gonzalo desaparezca de casa tu protagonista ni lo entenderá. Es lo que tienen la ceguera y la estupidez, que además de hacernos desgraciados, nos privan de toda posibilidad de comprensión. Y sobre todo, de la posibilidad de aprender de los propios errores.

Un beso

Un paseante dijo...

Precisamente en las mejores familias es en las que con más frecuencia pasa esto, Gata. Así que... ¿eres de buena familia?

Gracias, India. Y respecto a los juicios de valores, que yo por supuesto no hago nunca, te diré que el momento en el que más a gusto me he sentido al escribir esto fue en el diálogo final.

Si es que no se puede estar a todo, Noel. Esta vida es una sucesión de elecciones: tomas esto y dejas lo otro.

Evita, comparar lo mío con Delibes es como comparar a una mosca con una ballena. Pero gracias de todos modos.

Don Antonio, quien no disfruta con un pincho de tortilla es que se ha vuelto rematadamente idiota. Y en cuanto al volumen de las glándulas mamarias, cada uno tiene su gusto, como en todo.

Pues sí, Toro, el mundo está lleno de personajes así. Y cada vez hay más. Mejor para nosotros: siempre quedará una Carmencita a la que echar mano.

El status, querida Betty, es el espejismo en el que muchos pobres de espíritu buscan redimirse. Pero a nosotros nos da igual, ¿verdad? En otra cosa no, pero en ilusiones algunos somos millonarios.

Mismamente, Sir Paul: usted y su minimalismo, tan certeros como siempre.

Pues sí, señor Jove: lo de la tortilla ya le he dicho a don Antonio que es una de esas cosas que imprimen carácter; y el que lo haya perdido, que se joda. En cuanto a su cumpleaños, corro presto a felicitarlo en su blog de usted.

Tranquila, Roxana, no te sulfures. Ya veo que tienes la misma idea del feminismo que yo: revancha. Pero ya digo, no te sulfures: por este blog no creo yo que aparezcan las triunfadoras, así que estamos a salvo. Además, me he metido con Lagerfeld.. ¡anatema!

¿Te da pena este tipo de personajillos, Nadia? ¡Qué buen corazón...! Aunque sólo sea por cinco minutos.

Pues sí, Dusch, es lo que suele pasar con el desprecio: que rebota. Despreciar, por lo general, es no conocer; y en este caso el desprecio se paga con unos buenos cuernos, como debe ser. Feliz y lluvioso Domingo.

Es cierto, Antígona: la ruina propia se la busca uno solo. Y al peronaje "triunfador" le quedan muchas hostias que llevar en la vida. Pero sí, la más gorda siempre será no entender el porqué.

Hell dijo...

Es triste la gente que pierde la perspectiva de lo que realmente es importante en la vida... No se dan cuenta de que su triunfo es su propio fracaso.
Besos

Cat's dijo...

una vez le dije a mi madre "venga, en todas las familias hay secretos, empieza a desembuchar" y así fue cómo me enteré de muchas cositas por demás interesantes.

Vengo de una familia preciosa, dónde se le dan importancia a otros tipo de valores ;)


muaaaakkkkk

Belén dijo...

Yo soy obrerita, así que la que da esplendor no soy yo, qué tranquilidad!!!!!

Besicos

Fiebre dijo...

Me encanta leerte, porque a medida que avanzo por tus líneas, mi comentario final por narices tiene que cambiar.

Iba a decir que Carmen la aguanta por pena, porque en el fondo siente algo de condescendencia por esa absurda, pero leyendo el final me he escogorciao un poco.
Como la vida misma. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos.

Te lo dice una ex con piscina, y actualmente 40 metros en barrioobrero. Voluntariamente, y más feliz que una lombriz.
Pero si en su momento lo elegí, fue por algo.
Ahora sólo me falta un Carmencito, pero que no haga ´contraespionaje´ por diosssss!

Pandora dijo...

Como siempre, un placer leerte.

La protagonista.. qué pena me da, es mala gente. Y no es lo peor el que anteponga su éxito a lo demás creyéndose una triunfadora. Lo que me hace sentir casi náuseas es el desprecio que siente ella por los demás.

Lástima que haya tanta gente como ella, así va el mundo. Lo dicho, me da mucha pena.

Y muy bien retratados tus personajes.

Un abrazo.

chafardero dijo...

Qué triste vivir para trabajar, y que encima te levante el marido una amiga. A ver donde encuentra otro tan marchoso, que en esas urbanizaciones tan cool son todos unos mingas frías.

Un paseante dijo...

Creo, Hell, que lo del triunfo y el fracaso es, como casi todo en esta vida, muy relativo: cada uno tiene su propia idea del asunto. Y los "triunfadores" suelen estar anestesiados con respecto a la vida real, así que probablemente ni se dan cuenta de que son marcianos.

Muy bien, Gata, así me gusta: que seas una buena hija.

Aquí no hay buenos ni malos, Fiebre: hay una idiota y dos que no piensan seguir perdiendo el tiempo. Y si los 40 metros tuyos te dan la felicidad, que se bañen las ranas en la piscina.

Eso es, Belén: el esplendor quema mucho y no da calor.

Lo bueno de esta historia, Pandora, es que al final se lleva su merecido. Y suele ser muy frecuente, además: no me estoy inventando nada. Esto no es ficción.

Chafardero, a mí tampoco me molan nada las urbanizaciones: están lejos del calor y de los pinchos de tortilla.

Anónimo dijo...

¡jojojojo! ¡Que a gustito te habrás quedado, Mr. Walker!
XD

Yo tengo a una ejecutiva de éstas en la familia, pero por el momento anda soltera.
:P

Soy Irre, que estoy currando y tal...

Un paseante dijo...

Pues sí Bugs: me he quedado de lo más pancho. Como tú con la zanahoria después de burlar, una vez más, a Elmer.